Viernes 25 de Septiembre del 2026
20:30 Horas
Santuario de San Francisco en Saltillo, Coahuila.
Misa en forma de Oratorio
de la
“Misa de la Esperanza”
de: Aurelio Martínez Corona
Notas al programa por:
Eduardo Figueroa Orrantia
Hablar de obras del pasado es relativamente sencillo pues, además de haber sido ampliamente ejecutadas la mayoría de ellas, facilmente podemos investigar lo que académicos más letrados que nosotros mismos han dicho al respecto. De esa forma es posible redondear nuestra opinión para después resumir conocimientos y brindar puntos de vista. Hablar de una obra que es un estreno es harto más complicado. No con esto quiero decir que tenga por costumbre apropiarme de comentarios de personas más doctas que yo en temas particulares, pero sí que es inevitable tener un cierto conocimiento del periodo histórico y de la vida particular de su creador; y, claro, haber llegado a ello por vías de eruditos escritos y sesudas ponencias de maestros especialistas.
La Misa de la Esperanza del maestro Aurelio Martínez Corona, que conmemora el 800.º aniversario del Tránsito —muerte— de San Francisco, llega sin esta prerrogativa. Claro que existe un conocimiento generalizado sobre las temáticas «Misa», «Esperanza» y «San Francisco» que unifican y generan expectativas, pero de alguna manera Martínez Corona sobrepasa este límite que pudiéramos crear.
Iniciaré diciendo que, en efecto, la obra compuesta es una misa. Normalmente pensamos en los segmentos musicales que una misa contiene resumiéndolos, históricamente, en cinco partes, a saber: 1. Señor, ten piedad (Kyrie), 2. Gloria, 3. Credo, 4. Santo y Bendito (usualmente juntos) y 5. Cordero de Dios (Agnus Dei). En la Misa de la Esperanza de Martínez Corona encontrarás ocho segmentos diferentes que, en orden litúrgico, se presentan de la siguiente forma:
1.- “Bendigamos al Señor”
Salmo 84:1-7.
2.- Señor, ten piedad:
Salmo 6:2, 51:1; Mateo 15:22, 17:15, 20:30-31 y Lucas 18:13.
3.- Gloria:
Lucas 2:14; Juan 1:29 y Apocalipsis 15:4.
4.- Aleluya:
Salmos 113 al 118, 146 al 150; Apocalipsis 19:1, 3-4, 6.
5.- Cántico de las Criaturas:
San Francisco de Asís, Cántico del hermano Sol, v. 1-14.
6.- Santo:
Isaías 6:3; Mateo 21:9; Marcos 11:9; Lucas 19:38 y Juan 12:13.
7.- Padre Nuestro:
Mateo 6:9-13; Lucas 11:2-4.
8.- Cordero de Dios:
Isaías 53; Juan 1:29, 36.
Lo anterior en cuanto a la palabra «Misa».
En lo relativo a la «Esperanza» en la literatura franciscana, la encontramos comprendida como una confianza absoluta en Dios, en la pobreza y en la alegría espiritual. Lo observamos en la Exposición del Padre Nuestro (ExpPat 4):
«Venga a nosotros tu reino: para que tú reines en nosotros por la gracia y nos hagas llegar a tu reino, donde está la visión manifiesta de ti, la unión bienaventurada contigo, la fruición de ti siempre.»
Y, claro, lo apreciamos también resumido en el Cántico de las Criaturas (Cánt v. 10-11):
«Loado seas, mi Señor, por los que perdonan por tu amor y sufren enfermedad y tribulación. Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán.»
Se hace pues evidente que la intención de tomar el Cántico de las Criaturas de San Francisco (escrito cerca de dos años antes de su muerte) —en especial el segmento «Bienaventurados aquellos que las sufren en paz, pues por ti, Altísimo, coronados serán»—, aunado al Salmo 84:1-7 («¡Cuán amables son tus moradas, oh Señor de los ejércitos!»), nos habla de esta esperanza de pobreza y alegría espiritual franciscana al ser textos seleccionados fuera del ordinario litúrgico estricto.
Tomemos ahora el concepto de Oratorio, ya que lo relativo a la Misa, la Esperanza y lo franciscano cae por su propio peso.
Al oratorio lo conocemos como una obra dramática basada en textos de carácter religioso o moral, normalmente compuesta por arias y números corales que desarrollan un contenido teniendo como protagonistas base tanto al coro como a la orquesta; forma musical que nace a finales del siglo XVI y se desarrolla ampliamente en el periodo Barroco.
Pero, aunque Aurelio Martínez Corona no escribió un oratorio sino una misa, me tomé la libertad —acompañado de la anuencia de Fray José Daniel Ramos Rocha y con la complicidad de David Fraustro junto a Ana Luisa Aguilar, Juan Antonio Villarreal, Alba Sofía y Pedro Alonso— de reformatear, con todo respeto, una obra que habla, más que de muerte, de un tránsito esperanzado.
La visión musical se ve sensibilizada por toques escénicos, no discursivos, de representaciones surgidas de la esencia musical. Con tal motivo, el orden litúrgico se ha trastocado a uno narrativo que nos guía en este tránsito de Francisco hacia la Esperanza.
Es importante resaltar, antes de adentrarnos en la obra, que la música, la selección de textos y la armonización pertenecen al maestro Aurelio Martínez Corona (salvo el Padre Nuestro, que cuenta con el tema musical de Daniel Gallegos y fue armonizado por Martínez Corona). Con respecto a los arreglos finales que se presentan les diré que han sido orquestados por mi persona, asumiendo con ello todas los peros y observaciones que a este trabajo mío se le puedan dar.
Programa:
1.- El Padre Nuestro
Basado en un formato armónico en La mayor que remite a secuencias en forma de canon con un compás de seis octavos ($6/8$), las siete peticiones del texto bíblico se presentan, tras una introducción instrumental que nos remite a un surgir, con temas poseedores de una dulzura propia de la vida de Francisco de Asís. La presencia de temas y contratemas musicales rompe la posibilidad de monotonía que el formato pudiera sugerir hasta llegar a un clímax musical con el Amén. Sobresale la frase musical de nueve compases del texto «Venga a nosotros tu reino», la cual rompe la regularidad de los ciclos de ocho compases.
2.- Aleluya
Aun dada la brevedad de esta obra, la exposición se torna atractiva dada la secuencialidad de siete compases por frase, contrapuestos a la regularidad acostumbrada de ocho. Al mismo tiempo, la alternancia entre los modos menor y mayor nos brinda una excelente sensación de triunfo final, que es la expectativa de Francisco.
3.- Bendigamos al Señor
La contraposición de la cuadratura del segmento del coro «Bendigamos al Señor» respecto a la propuesta de anacrusa de las tres estrofas («¡Cuán amables son tus moradas!», «Atravesando el valle de lágrimas» y «Aun el gorrión halla casa») nos brinda un sentimiento de paz, calma y unidad. Este se ve reforzado en la frase «Entremos con alegría dándole gracias» por el unísono de la orquesta y el coro, los cuales abandonan temporalmente la polifonía brindándole una fuerza expresiva muy interesante.
4.- Cántico de las Criaturas
La música de este cántico emana fielmente de la musicalidad propia del texto, no en su idioma umbro original, sino en su versión en español, donde la importancia del contenido literario se impone sobre la rítmica del idioma fuente. En lo personal, me recuerda mucho a la visión gregoriana, donde de la palabra surge la melodía y no al contrario. El tipo de compás varía según la frase, y las alternancias entre ritmos binarios y ternarios le otorgan una característica muy plástica a la música en su fusión con el texto. Desde el punto de vista tonal, se realiza un regreso a La mayor (como en el Padre Nuestro) tras haber expuesto Re menor y Re mayor en el Aleluya y en Bendigamos al Señor. Sin embargo, es importante notar que la exposición temática de los versículos 3 al 7 se realiza en $6/8$ en dos segmentos separados en la tonalidad de La menor y dos en La mayor (con su respectivo cambio de tempo), para pasar a reminiscencias gregorianas en $4/4$ en el versículo 8 y regresar a $6/8$ en el versículo 9 con un unísono orquestal-coral en el versículo 10. En resumen: esta obra es una delicia que compagina estilos y periodos musicales de manera magistral con el contenido literario de San Francisco.
5.- Cordero de Dios
Esta sección contrasta bellamente los colores armónicos y rítmicos entre las frases «Cordero de Dios» y «Ten piedad». Después de un puente que realza las texturas corales y los colores orquestales, resalta triunfal la frase «Danos la paz».
6.- Santo
Estructurado con brevedad quirúrgica (tan solo 21 compases), la contraposición de la frase «Bendito el que viene en el nombre del Señor» en modo menor resalta con fuerza la aclamación final: «Hosanna en el cielo».
7.- Señor, ten piedad
Si en alguna obra resalta la esperanza franciscana, es en esta. Normalmente estamos acostumbrados o predispuestos a escuchar una súplica en modo menor; sin embargo, aquí Martínez Corona la convierte en un canto de exaltación, propio de quien posee la certeza de la gracia concedida. Esto se aprecia especialmente en el «Cristo, ten piedad», del cual uno se queda con ganas de escuchar más.
8.- Gloria
Los unísonos iniciales de esta obra nos remiten directamente a la imagen apocalíptica:
«Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Y cantan el cántico de Moisés, siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo...»
Este último segmento, que representa el acceso de Francisco a la gloria, es otro ejemplo más de la magistral creación de Martínez Corona, especialmente en su sección final fugada: «Con el Espíritu Santo».

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